05.25.07
LA SUPERINDUSTRIALIZACIÓN Y EL MISTICISMO CONTEMPORÁNEO - CÓDIGOS DE UNA SOCIEDAD QUE SE AUTO-REGENERA BAJO CONSTRUCTOS SIGNIFICATIVOS

Primera Parte:
Prolegómenos de nuestra Cultura
“El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo”
Gilles Deleuze
Lógica del sentido cultural
No se piense que este pequeño bosquejo es una reflexión. No hay pues, en él ninguna vuelta al pensamiento; no hay retrospección, no hay ideología, ni menos una concepción mística y religiosa. Se trata entonces de pensar lo no pensado, de imaginar lo inimaginable; se trata de alcanzar un espacio (topológico por cierto), de rayados, planos, conjeturas impredecibles, cálculos ignotos y sin fundamento epistemológico.
Así, y por mucho que no queramos pensar en un conjunto de ideas previamente establecidas, no podemos marginar el ‘asunto’, del cual trataremos (aunque tampoco sea un tratado sobre lo mismo). El asunto es la cosa, la ‘res’ de la cual hablaban los latinos, el ‘de qué’ de una fórmula discursiva, la ‘cosa pensada’: la sociedad, en tanto, desplegamiento actualizado del conjunto humano, y su conducta desarraigada de conceptualizaciones específicas y predeterminadas por patrones éticos o políticos.
El transitar contemporáneo, desde los inicios de la cultura occidental, está fundada bajo preceptos o tópicos yuxtapuestos por el acontecer esporádico de paradigmas sociales, políticos, económicos, gnoseológicos, ontológicos, valóricos, etc., ese es un hecho innegable, y hasta absurdo mencionarlo, pero donde sea que volquemos nuestra mirada, veremos cómo nuestro propio modo de pensar las cosas, está marcado por una peculiar forma de trazar y medir el mundo; producto quizá, fundamentalmente, del mundo intelectual heleno, y por qué no decir también, del práctico-político de los romanos.
Cierto es también que occidente posee una idiosincrasia espiritual orientada hacia el constante traspaso desde lo mitológico a lo racional, coincidiendo en que el Logos griego - la razón, el fundamento, el discurso, la palabra, el Verbo, etc.,- se hace patente como un elemento representativo de la espiritualidad humana. No así Oriente, con sus espectáculos de lo divino, nos hace pensar en un apaciguamiento del mismo discurso (del Logos, del Kama Manas antropológico), en desmedro de una interioridad desvelada por la oración, el mantra, y la diversidad de ritos de purificación. Nadie puede negar la diferencia de oriente y occidente en la forma de percibir e interpretar la realidad de las cosas; y menos podría alguien suponer que la imitación o simulacro de una filosofía con tintes hinduistas o budistas, podría constituirse en la panacea de los problemas que atañen a nuestra moderna cultura.
Así, occidente se levanta como un emblema a la razón, a la lógica y al pensamiento numérico-matemático; mientras que oriente sigue tranquilamente, sabiamente quizá, el camino de la serenidad, del despertar aletargado a un sueño inspirador de metafísicas trascendentales.
Los griegos y romanos, la cristiandad y la influencia árabe,
la Europa continental, los anglosajones y americanos, han sido los meros productos de una lógica racionalista y empírica, que se abre al mundo circundante, con una mirada aparentemente exacta, precisa, inexorablemente científica. Toda la lógica iniciada ya por Aristóteles, desemboca en su más plena expresión en el Espíritu Absoluto de un Hegel, y de ahí, a toda la modernidad.
Quizá, sea ésta la gran fuente del equívoco posmodernista, de la decadencia ideológica y metodológica de las disipadas modalidades de las llamadas ciencias del espíritu; quizá, aquí se halle el formulismo imperfecto de una inamovible estructura: en la lógica seriada, y en la complejitud de constructos significativos.
La cábala judía, por ejemplo, es la expresión más reciente del misticismo primitivo, la oleada más moderna de un sin número de escuelas iniciáticas: desde los tanaítas (siglos segundo al tercero d.c.) al sepher yetzirah, desde la Francia del Languedoc -donde se levanta un gueto de misterio para contribuir secretamente al primer texto cabalístico de la historia: al sepher ha-bahir-, de ahí, a las postrimerías de los grupos sefardíes en la España medieval… Moisés de León, autor del más laborioso texto judeo-heterodoxo: el Zohar. Y luego a Sabed, que luego de la expulsión de los judíos de España, se convierte en la capital espiritual y centro de atención de todos los estudiosos hebraístas, tanto del judaísmo ortodoxo como herético. Nacen las primeras corrientes de cábala cristiana en Europa, o en Italia para ser más precisos; un Picó de la Mirandóla, un Flavio Mitridates, un Pablo de Heredia, un Reuchlin en Alemania, y su difuminación por todas las escuelitas de occidente. Las más reconocidas de entre ellas, los rosacruces y masones, que reconstruyen sus rituales a la luz de esta enseñanza y de otras fuentes de inspiración menos confiables, como la alquimista, la hermética y la magia natural (Agripa, Ficino, etc.) de una cábala deformada que nada tenía que ver con los principios judíos, y más con los intereses cristianos de interpretar el acontecimiento de cristo (IHShVH).
Todas las tradiciones y explicaciones que se hacen al gran árbol de la vida, que era el misterio de la palabra perdida, se convierten así en pequeñas islas de significación que conjugadas con el espíritu racionalista y empírico del que hablábamos más arriba, se convierten y se presentan a ellas mismas, como los grandes arcanos, y legítimos herederos de un conocimiento milenario. Esta sugerente ‘verdad’, dogmática por cierto, se hace imprescindible en la medida en que las escuelitas de misterio adoptan actitudes recalcitrantes en lo que respecta a la nueva modalidad y paradigma que, la post revolución científica e industrial proponen a la humanidad entera: la dispersión o parcelamiento de las diversas disciplinas investigativas. El saber sagrado, la Gnosis y la Sophía griega, depositada en las escuelitas de misterio, se desvanecía en los altares, o era atrapada como una reliquia por los viejos vendedores de ilusión, y encerrada en eternos cofres sellados bajo claves incomprensibles, absurdas e incoherentes que, jamás nadie ha podido ni podrá nunca descifrar.
Así y todo, la principal característica del quehacer occidental es justamente su ‘medida’ de control por sobre todo saber y hacer de la humanidad. Los misterios son explicados a la luz de un misticismo podrido y acabado, vacío, sin sentido y orientación. Y la realidad cognoscible se hace también parte integral de un sistema estructurado y previamente planificado del pensamiento llamado ‘científico’. La sociedad y el individuo, las dos caras de la realidad humana, son ahora objeto de análisis de una socio-logía y una psico-logía, esto es, de dos tejidos teóricos, o más bien, de dos lógicas distintas que, desde sus propias áreas, pretenden dar explicación al despertar práctico de cada objeto de estudio. Del mismo modo, el llamado ‘misticismo occidental’, conservado por las escuelitas de misterio, somete a la supra-realidad a un análisis falseado y subjetivado, que promete explicar, ordenar, catalogar, y hasta incluso predecir los fenómenos que suceden frente a los sentidos.
Hasta aquí, todo parece de perfecta comprensión; y hasta incluso supone un orden casuístico que vale la pena mantener, pues, de otro modo sería bastante insatisfactorio. Aunque, pareciera ser que de ‘satisfacción’ se tratara; y que cada área o parcelación del conocimiento, incluyendo el misticismo, sintiera la urgente misión por desvelar los misterios que se hayan tras los fenómenos sociales, psicológicos, naturales, etc., y se formara a sí misma la idea del ‘deber’ (quizá por herencia kantiana), que exista un esquema o bosquejo de la realidad fenoménica.
Bosquejos de la realidad, y el fenómeno inaprensible
Toda la lógica occidental, incluyendo al misticismo –porque también éste se constituye en una lógica de sentido-, elabora diagramas o esquemas que permiten una interpretación no deliberada de la realidad. Esquemas compuestos de partículas más pequeñas que denomino en este trabajo como ‘constructos de significaciòn’, y que están sustentados bajo ‘supuestos’ improbables, inconexos y totalmente descontextualizados.
La parcelación del saber, y con ello, cada diagrama de la realidad, ya sea sociológico, psicológico, antropológico, biológico, y toda lógica de tipo matemática, calculadora, esquematizante, son nada más que subjetivaciones necesarias y urgentes que nuestra razón –formada bajo una cultura domesticada-, construye con el fin de no sólo explicarse para sí misma los fenómenos, sino también, para obtener un despliegue de su propio ‘poder’ y control sobre el conjunto de lo conocido.
Qué es la sociedad, es algo que jamás podremos dar una respuesta satisfactoria; evidentemente podríamos llenar este trabajo con definiciones más o menos científicas, pero justamente es lo que intento mostrar en este trabajo, que toda lógica de sentido –insisto- elabora concepciones esquemáticas a partir de hipótesis poco probables, sino imposibles. Los constructor significativos de los que hacía ya mención, conforman un sólido y estratificado sistema de ‘supuestos’.
Recuerdo un texto del eminente filósofo francés George Canguilhem titulado ¿qué es la psicología?, que analizaba junto a mis alumnos en el aula, en que comienza poniendo en cuestión los cimientos de la psicología, y de alguna forma, removiendo los fundamentos epistemológicos con los que elabora sus teorías. Decía en aquel texto que la psicología parte o inicia siempre sus investigaciones de un concepto o idea de hombre, con la cual se enfrentaba la ciencia a estudiar el acontecimiento, o más el comportamiento humano. Así, Canguilhem, argumentaba que la filosofía tenía todo el derecho a preguntar a la psicología de dónde ha tomado ella su idea pre-concebida, pues toda ciencia -seguía-, no puede prejuzgar sobre aquello que pretende realizar un juicio a posteriori. Así, quiero decir que, toda ciencia o lógica de cualquier tipo, incluyendo nuevamente a la mística occidental que, no puede ni podrá escapara a este modo de pensar tan propio de lo griego; se construye bajo supuestos jamás pensados, y que sus teorías clasificatorias, sus juicios de verdad, se fundan nada más que en elementos tan eidéticos, tan ilusos, que no tienen nada que ver con la realidad; y es por ello, que mencionaba más arriba que, estamos siendo cada día testigos de la decadencia irreparable de las ciencias del espíritu.
Tomemos como ejemplo al Psicoanálisis contemporáneo, que con su teoría de sujeto podría interpretar tan bien la sociedad actual. Cuando digo psicoanálisis no necesariamente me refiero a lo que Freud y sus inmediatos discípulos llevaron a cabo, sino, incluso hasta el mismo Lacan que, muy lejos se haya de los conceptos arraigados por el fundador y padre del psicoanálisis. En todo caso, sirva esto para cualquier teoría psicológica actual. Caundo el psicoanálisis plantea su teoría de sujeto, con su santísima trinidad de Yo, Super Yo, y Ello, no hace más que establecer principios subjetivados conforme a un rito de suposición inherente a toda especulación científica. No voy a explicar cada uno de estos conceptos, pero valga decir solamente que, cuando un sujeto se hay en situación de complejos, de paranoia cualquiera, no se trataría más que un acto simbólico de situaciones pasadas, y que en la medida en que el terapeuta haga recordar y estimular la situación que ha producido determinada acción, el complejo o acto simbólico ha desaparecido. Este es un principio iniciado por Freud y que el psicoanálisis contemporáneo, aunque con ciertos matices distintos, no ha logrado superar. Así, por ejemplo, si yo hoy en día sufro de una disgrafía que me impide ejercitar una letra legible por mis pares, seguramente se trataría de alguna situación conflictiva de mi pasado que nada tiene que ver con la letra, pero que sin embargo mi conciencia la ha vuelto simbólica conforme a un complejo proceso de simbolización. Supongamos que haya sido que, cuando pequeño me caí desde un caballo en el campo cuando tenía 8 años, y desde ese momento he tomado un temor enorme a los caballos, pero que por un proceso muy sofisticado de mi memoria, percepción en mi conciencia, y conforme a mis experiencia posteriores a los 8 años, mi conciencia ha logrado simbolizar al caballo en la manera y forma de escritura. Y por ello, cada vez que escribo algo, de alguna forma resurge en mí el temor a los caballos simbolizado en el lápiz y en la manera galopada de escribir sobre un papel. Si esto les parece ridículo, no es tan así para las teorías analistas planteadas por Freud, dándose un misterioso acto de representación que, en cierta forma, y mejor explicado por el mismo autor de dicha teoría, llega a tener una determinada lógica de sentido irrefutable. Asi es como para el terapeuta, elimina del sujeto los complejos y actos irracionales, simplemente y por medio de una regresión, llegar al momento en que el acto simbólico se llevó por vez primera, pues, si el sujeto logra ‘comprender’ su situación conflictiva y originaria, llega a superar para siempre su complejo.
De este modo, para el psicoanalista los procesos socio-políticos son más fáciles de explicar en tanto que, cada acto irracional o paranoico de nuestra cultura, no sería más que una asociación simbólica de acciones pasadas que, debe el hombre comprender para lograr superarlas algún día. Llegado el caso de un asesino, por ejemplo, nuestra sociedad se escandaliza, y todo el mundo se pregunta el por qué ha cometido dicho crimen tan alejado de o propiamente humano, pero el psicoanalista lo explicaría conforme a su teoría de sujeto, en que el delincuente no habría hecho más que reflejar en una acción delictiva una simbolización de una situación de conflicto no superada en el pasado, y si logra regresar a su vida inicial, de infancia, se dará cuenta que, el delincuente lo hizo por tal o cual razón. De este modo la psicología se arma de una cierta lógica matemática, axiomática quizá, en que los problemas individuales responden a un patrón descriptivo, a una estructura predeterminada por la subjetivación. Hasta ahí, todo bien, pero llegado el caso de la esquizofrenia (descubierta y analizada muy posterior al psicoanálisis por cierto), el psicoanalista queda absolutamente perplejo. Ahí se haya entonces el esquizo en un diván junto a su psiquiatra tratante, conversando y mirándose y sonriendo mutuamente a la luz de otros internos, en un patio bordeado de frondosos árboles, y una decoración acorde a un ambiente de rehabilitación. El esquizo responde amablemente las preguntas del médico terapeuta, hasta que de un brusco movimiento, y en sólo dos segundos, el esquizo toma el lápiz del médico y violentamente lo introduce en las cavidades oculares, le arranca parte de su ojo, y lo toma como un canibal entre sus manos, mientras el médico cae al suelo con sollozos de espanto y terror. El esquizo, con una tranquilidad incomprensible, toma el resto del plasma ocular, lo lleva a su boca y se lo come como si de un sabroso manjar se tratara. Todo en tan sólo un instante. Ahí, más nada puede decir el psicoanálisis, y cualquier teoría de sujeto, con su Yo, súper Yo, o ello… quedan en un absoluto silencio. La realidad que acontece, es esquiza, y no responde a ningún patrón, simplemente es un acto desbordado, que responde sólo al azar y al caótico juego de lo impredecible.
Lo mismo con la sociología, con todas sus teoría de la sociedad, desde un Weber, un Durkheim a una ética discursiva, no tienen nada que decir respecto a situaciones esquizas como un par de fanáticos fundamentalistas que apoyados por su fe, se lanzan a un par de edificios en EE.UU. O a un loco en el centro comercial que, abre su abrigo y se explota a sí mismo con unos cuantos kilos de dinamita en su cuerpo. Esto, y otros muchos ejemplos son los que nuestras ciencias del espíritu no han podido resolver, ya que, cualquier explicación que se haga, es sólo una vez que el desastre ya ha ocurrido, pero jamás podría adelantarse en sus conclusiones, o prever una catástrofe similar. ¿por qué? Porque todas parten desde supuestos que nada tienen en común con los fenómenos inaprensibles. La realidad es caótica, no responde a una lógica secuencial como quisiera nuestra razón occidental. Menos aún, podría pronunciarse un misticismo cargado de ilusiones científicas modernas. Lo místico, en su pureza, debe ser un modo totalmente diferente deL pensar sobre las cosas.
No se piense que sucede sólo en las llamadas ciencias del espíritu, sino también en las ciencias duras como las matemáticas, la biología etc.
En la historia de la matemática llega a ser patético el dogmático ideológico escolar que pretende, entre otras cosas, hacer ver que la naturaleza entera, y junto a ella toda expresión del pensamiento humano, puede ser reducido a un juego numérico, a una fórmula aritmética, o a un conjunto de hipótesis o reglas que condicionen la existencia. Este es el gran mito que nuestra mentalidad occidental ha arrastrado desde hace ya unos cuantos siglos. Las matemáticas son perfectas, se ha gritado a viva voz en las escuelas.
Recuerdo haber asistido hace dos meses atrás, a un congreso filosófico en la PUCV, donde asistían una serie de reconocidos filósofos y personajes destacados de las ciencias; entre ellos, venía el eminente matemático Gregory Chaitín, que antecedido por el científico chileno Eric Goles, convergían en un discurso absolutamente incómodo para los científicos de todos los tiempos: la teoría del caos aplicada a los problemas de la física, la informática, y las matemáticas en general. Mencionaba Chaitin el fracaso de las matemáticas en presentarse como la expresión última de la perfección y la exactitud. Desde Hilbert, el matemático del siglo XX, que hizo el primer intento de sistematización con una lógica simbólica que intentaba ser la reducción numérica y formulista de la realidad con su teoría de axiomatización de la geometría. Lo cierto es que todo su formulismo se vio enfrentado a fuertes críticas por parte de Gödel, otro matemático que con una teoría fundada en la demostración de la incompletitud de cualquier sistema axiomático destruye por completo la teoría de Hilbert. La explicación a esto es mucho más complicada que esta breve mención del asunto, pero valga para mostrar cómo la axiomatización ha sido a lo largo de la historia una cuestión de sueños y fracasos.
Gödel, comprueba el equívoco de Hilbert demostrando la imposibilidad de que la totalidad de los casos matemáticos puedan formularse como enunciados que puedan ser o verdaderos o falsos, pues, hay una complejidad que escapa a cualquier intento de simbolización y de predicción. Claro que, la cuestión es mucho más confusa aún, pues, otro matemático, cinco años después, realiza otro intento por formular una predicción científica, aplicada a las máquinas: Alan Turing, quien demuestra que sí es posible crear un sistema tan bien estructurado que pueda lograr la predicción deseada.
El asunto este, tan aparentemente insignificante, es radical para lo que pretendo mostrar en este trabajo, porque, la predicción matemática es lo que en esencia busca cualquier ciencia, incluso las del espíritu, o el mismo misticimo. Recordemos lo que decíamos con el fallido intento de predicción por parte de la psicología o la sociología. Pero este tema quedó, después de la segunda guerra mundial en el olvido, hasta que el científico matemático que les mencionaba: Gregory Chaitin, logra sacar nuevamente el problema a luz, demostrando y exponiendo una teoría algorítmica de la información, fundada también en las teorías anárquicas de lo caótico y lo catastrófico, echando nuevamente por tierra la formulación de una ilusa matemática que abarque el conjunto de las ciencias, o como una expresión más perfecta del pensamiento humano; para Chaitín, y para muchos científicos de la actualidad, la matemática es tan imperfecta como la realidad que intenta estudiar.
Otro tanto sucede con la biología celular. Tan bien ponderada durante siglos, pretendía explicar los procesos celulares en su más detallada descripción. Células compuestas de núcleos, citoplasmas y membranas celulares; células que nacían se desarrollaban, y que por un apasionante sistema de autodestrucción (por la activación de un conjunto de proteínas Bcl-2) se genera un suicidio celular. Sin considerar la necrosis, o muerte que no es programada, pero sin embargo constituye un proceso natural de las vidas celulares. Todo perfecto, un sistema tan complejo y maravilloso que se haya en perplejidad a la hora de enfrentar el doloroso y temido Neoplasma cancerígeno; un conjunto de células en hiperplasia o displasia –dependiendo de la gravedad y las circunstancias- se desarrollan de un modo aparentemente caótico, multidireccional, y exponencialmente en crecimiento. Células que no responden a ningún patrón conocido, que se vuelven imposibles de manejar a una microescala. La biología celular se haya en un nuevo dilema que resolver: el hombre bomba de la biología, el misterio esquizofrénico del sistema celular: el cáncer. Toda la biología celular se viene debajo de la misma forma que las otras ciencias, justamente porque sus formulismos, sus teoremas, sus axiomas esquematizantes no responden, y no pueden concebir ni predecir una realidad que escapa a todo tipo de conjuración matemática: la realidad que nuestra mente aprehende, no es más que un conjunto de contradicciones sopesadas, filtradas, y formuladas bajo cánones teoréticos creados por una tradición específica, con el único fin de establecer una respuesta genialmente elaborada, pero verdaderamente insuficiente a la hora de confrontarla con lo extraño e ilógico de los fenómenos inaprensibles.




